En la actualidad, en un mundo lleno de redes sociales y otras vías de comunicación, es muy fácil encontrarse pequeñas crónicas de varios partidos. No es complicado tampoco, que estos resúmenes tengan como eje principal una enumeración de todas aquellas cosas en las que se ha mejorado para acabar con una autofelicitación por, por ejemplo, “haber perdido de 20 contra ese mismo equipo y ahora haber ganado de 30”. Más allá de la necesidad o no de darle importancia al resultado a determinadas edades (no hay que profundizar mucho más en este tema), creo que se tiene que tener cuidado al hacer un análisis tan simple. “Recuperar” 50 puntos a un equipo en un margen tan corto de tiempo no es precisamente una cosa de la cual presumir, puesto que es probable que esa mejora se base en una táctica muy enfocada a la destrucción.

Reflexionemos. ¿Qué distancia temporal puede haber, en promoción, entre dos partidos con el mismo equipo? ¿Dos meses? ¿Realmente pensamos que estas “virtudes”, logradas en pocas semanas, son tan complicadas? ¿Durante este periodo el otro equipo no ha trabajado absolutamente nada? Quizás habría que comprender que, si un conjunto ha sido capaz de hacer este salto en un periodo corto de tiempo, es porque habrá cogido el camino más fácil, el de la destrucción. Un atajo que se aprovecha de unas edades donde los niños y niñas no tienen todavía la suficiente calidad para ser capaces de contrarrestar, con recursos ofensivos, todas aquellas “trampas” defensivas que muchos equipos de promoción plantean.

Y no es cuestión de ser puristas y negar la importancia de conseguir jugadores completos en todas las parcelas de juego. Pero no tenemos que olvidar que, como entrenadores, seremos responsables del grupo durante un par de años pero que la vida deportiva de estos mismos jugadores y jugadoras se alargará mucho más. En definitiva, no estamos en la obligación de enseñar TODO el baloncesto en pocos meses y tenemos que tener claro que, según las edades, habrá enseñanzas que serán mucho más idóneas que otras para nuestros deportistas.

Ningún maestro de escuela, por ejemplo, perdería el tiempo intentando explicar ecuaciones de primer grado a niños de segundo de primaria. ¿Por qué en el baloncesto intentamos lograr tantas cosas? Me atrevería a decir que el principal problema del baloncesto de formación actual es precisamente este, entrenadores con un ego desmesurado que intentan demostrar, ante jugadores, padres y otros técnicos, que sus aptitudes son muy amplias y que hace falta que estos conocimientos lleguen a los pequeños. ¿Por qué esta prisa? De la misma forma que todos tenemos claro que los jugadores se forman con el paso de los años, tenemos que tener claro que nuestro trabajo no tiene que tener una recompensa a corto plazo. Nunca, absolutamente nunca. Nuestra recompensa, nuestra nota, la sabremos al cabo de unos cuantos años, cuando estos niños y niñas estén en categorías júniors o seniors. Y esta nota será compartida con otros muchos entrenadores que habrán puesto su granito de arena.

Construir siempre es más difícil que destruir, en cualquier ámbito de la vida. Y el baloncesto no tenía que ser una excepción. Se necesita mucha paciencia, muchas horas y muchos entrenamientos para tener jugadores capaces de crear. Y la verdad, uno tiene la sensación que no hacen falta tantas para destruir. Y sí, es más complicado, los resultados no son tan visibles a corto plazo y quizás el reconocimiento tarda más en llegar. Pero… ¿y si con esto estamos construyendo unos pilares fuertes sobre los cuales construir mejores jugadores? ¿No es este lo mejor premio?

Andrés Rubio

Comparteix!

Leave Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.