YA ESTAMOS AQUÍ

Ya estamos aquí. A punto de entrar en pista, con las canastas impacientes, las pelotas preparadas, el silbato bien afinado y las líneas marcadas. Primeros pasos, sintiendo como nuestros pies flotan sobre la pista. Todos aquellos que amen el baloncesto, ya sabéis de qué hablo.

Ya estamos aquí, listos para recibir a los jugadores. Con nuevas caras en el equipo y también en la grada. Con nuevos nombres, nuevas normas, nuevas experiencias. Todo preparado para sumar juntos.

Ya estamos aquí, para dar importancia a todo lo que realmente importa. Para ver cómo se saludan entre abrazos y risas después de dos meses. Para admirar el nuevo cambio de mano que aquella jugadora de tu equipo ha pasado todo el verano practicando y que, por fin, te lo puede enseñar. Para alucinar con las zapatillas nuevas de aquel otro jugador, que te asegura que corren más que el resto; aquellas que le acompañarán en cada salto, cada carrera y cada caída. Para ver cómo ha crecido aquella jugadora y qué moreno está aquel que viene corriendo por allí al fondo. Para notar como hay padres más nerviosos que sus hijos. Para escuchar el bote de todas las pelotas botando a la vez y para escuchar, en medio del silencio, el balón entrando en la canasta. Todos aquellos que améis el baloncesto, también sabéis de qué ruido hablo.

Ya estamos aquí, esperando el pitido que marque el inicio de partido. Y una vez suene, todo estará en marcha.

Un nuevo viaje que comienza hoy. Un viaje que lleva la maleta cargada de sonrisas, y las sonrisas cargados de retos. No sabemos si el camino será llano, si nos tendremos que subir a una montaña rusa, si tendremos que construir una escalera o si tendremos que cambiar de dirección a medio camino. Sea como sea, no penséis en la meta, disfrutad de estos primeros instantes y dejaos hipnotizar por el viaje que haréis juntos. Ya estamos aquí, ¡vamos!

Ana Hernández


LAS VERDADERAS ELECCIONES

Sin duda, esta semana está marcada socialmente por las Elecciones Generales del domingo. El tan ansiado y repetitivo 26J.

Pero este final de mes también es época de elecciones baloncestísticas. Todos los amantes del baloncesto tenemos decisiones a tomar estos días.

Estrellas del baloncesto que cada vez brillan con más fuerza y que, despacio, van creando su propia historia. Y no, no me estoy refiriendo a la final de la NBA. Me refiero a vosotros y a todos y cada uno de vuestros jugadores. En la mayoría de clubes es el momento de empezar la nueva temporada y todos vosotros tenéis mucho que decir estos días.

Los más pequeños tienen que pensar en qué equipo quieren jugar, de qué manera quieren formar parte del grupo, que harán para impresionar al entrenador y cómo conseguirán hacerse amigo de sus compañeros. Por suerte, ellos lo hacen fácil, con su inocencia y espontaneidad muchas veces es suficiente. Pero si apenas ahora empiezan la aventura del baloncesto, tendrán que pasar por un gran momento que probablemente les provoque más de un dolor de cabeza, escoger el dorsal que los acompañará cada vez que salgan a la pista, aquel que será sólo suyo dentro del equipo y que será la estrella que los ayudará a brillar. Así que, no soy nadie para obligaros a nada, pero os pido que le deis la importancia que merece este momento; que penséis en qué ha significado vuestro número para vosotros, y que vuestros jugadores sean felices con la elección que tomen. Y para muchos de ellos, el inicio de la temporada irá acompañado de sus primeras zapatillas de baloncesto, aquellas que sólo poniéndotelas te hacen volar más que nadie y correr más rápido que en sueños.

Y los entrenadores, elecciones complicadas, a veces… cerrar etapas, despedirse de los jugadores y las familias del grupo, planificar la nueva temporada, decidir el nivel de juego del grupo, confiar en otros entrenadores para crear un buen equipo técnico… muchas cosas importantes para decidir en poco tiempo.

Pero, ¿sabéis qué? Que vuestra elección será la correcta porque será una elección hecha con el corazón, donde no habrá urnas, ni tampoco papeletas. ¿Qué más da? Los ganadores serán nuestros equipos y no tendremos que enfrentarnos en peleas absurdas para conseguir el poder. El poder es nuestro desde el momento que formamos parte del baloncesto. Un poder apreciado por todos nosotros, un poder que sólo los que estamos aquí sabemos lo valioso que llega a ser. Tenéis muchas papeletas imaginarias para escoger el futuro de vuestro equipo y para crear vuestra temporada perfecta. Y sí, son diferentes entre ellas, tienen incertidumbres y dudas que sólo con el paso de los meses y con el buen trabajo se irán resolviendo. Pero fijaos bien, todas ellas tienen algo en común: todas tienen impregnadas gotas de ilusión y aquel punto de nerviosismo previo cuando algo grande está a punto de llegar…

Suerte, mucha suerte en vuestras elecciones y ¡qué gane el buen baloncesto!

Ana Hernández


CONSTRUIR

En la actualidad, en un mundo lleno de redes sociales y otras vías de comunicación, es muy fácil encontrarse pequeñas crónicas de varios partidos. No es complicado tampoco, que estos resúmenes tengan como eje principal una enumeración de todas aquellas cosas en las que se ha mejorado para acabar con una autofelicitación por, por ejemplo, “haber perdido de 20 contra ese mismo equipo y ahora haber ganado de 30”. Más allá de la necesidad o no de darle importancia al resultado a determinadas edades (no hay que profundizar mucho más en este tema), creo que se tiene que tener cuidado al hacer un análisis tan simple. “Recuperar” 50 puntos a un equipo en un margen tan corto de tiempo no es precisamente una cosa de la cual presumir, puesto que es probable que esa mejora se base en una táctica muy enfocada a la destrucción.

Reflexionemos. ¿Qué distancia temporal puede haber, en promoción, entre dos partidos con el mismo equipo? ¿Dos meses? ¿Realmente pensamos que estas “virtudes”, logradas en pocas semanas, son tan complicadas? ¿Durante este periodo el otro equipo no ha trabajado absolutamente nada? Quizás habría que comprender que, si un conjunto ha sido capaz de hacer este salto en un periodo corto de tiempo, es porque habrá cogido el camino más fácil, el de la destrucción. Un atajo que se aprovecha de unas edades donde los niños y niñas no tienen todavía la suficiente calidad para ser capaces de contrarrestar, con recursos ofensivos, todas aquellas “trampas” defensivas que muchos equipos de promoción plantean.

Y no es cuestión de ser puristas y negar la importancia de conseguir jugadores completos en todas las parcelas de juego. Pero no tenemos que olvidar que, como entrenadores, seremos responsables del grupo durante un par de años pero que la vida deportiva de estos mismos jugadores y jugadoras se alargará mucho más. En definitiva, no estamos en la obligación de enseñar TODO el baloncesto en pocos meses y tenemos que tener claro que, según las edades, habrá enseñanzas que serán mucho más idóneas que otras para nuestros deportistas.

Ningún maestro de escuela, por ejemplo, perdería el tiempo intentando explicar ecuaciones de primer grado a niños de segundo de primaria. ¿Por qué en el baloncesto intentamos lograr tantas cosas? Me atrevería a decir que el principal problema del baloncesto de formación actual es precisamente este, entrenadores con un ego desmesurado que intentan demostrar, ante jugadores, padres y otros técnicos, que sus aptitudes son muy amplias y que hace falta que estos conocimientos lleguen a los pequeños. ¿Por qué esta prisa? De la misma forma que todos tenemos claro que los jugadores se forman con el paso de los años, tenemos que tener claro que nuestro trabajo no tiene que tener una recompensa a corto plazo. Nunca, absolutamente nunca. Nuestra recompensa, nuestra nota, la sabremos al cabo de unos cuantos años, cuando estos niños y niñas estén en categorías júniors o seniors. Y esta nota será compartida con otros muchos entrenadores que habrán puesto su granito de arena.

Construir siempre es más difícil que destruir, en cualquier ámbito de la vida. Y el baloncesto no tenía que ser una excepción. Se necesita mucha paciencia, muchas horas y muchos entrenamientos para tener jugadores capaces de crear. Y la verdad, uno tiene la sensación que no hacen falta tantas para destruir. Y sí, es más complicado, los resultados no son tan visibles a corto plazo y quizás el reconocimiento tarda más en llegar. Pero… ¿y si con esto estamos construyendo unos pilares fuertes sobre los cuales construir mejores jugadores? ¿No es este lo mejor premio?

Andrés Rubio


CONVERTIR EL BALONCESTO EN MAGIA

¿Existe un mejor engranaje que infancia y baloncesto? Por muchas combinaciones que pienso, no encuentro ninguna mejor. Ser entrenadora es una magnífica forma de disfrutar del baloncesto que se me ha presentado hace relativamente poco en mi vida pero que, ojalá, dure muchos años más.

Pensaba que ser entrenadora en edades tempranas era enseñar a botar, a pasar y a tirar. En definitiva, enseñar gestos técnicos para hacer mejorar a nuestros jugadores y que fueran competentes dentro de la pista. Una vez allí, ante todos ellos, te das cuenta que no importa tanto el qué aprender, sino el cómo. Hay un punto esencial en todo esto: la pasión por el baloncesto. Aquella pasión que los entrenadores tenemos que transmitir a nuestros jugadores, tengan la edad que tengan.

Cuando son pequeños, apenas acaban de empezar a descubrir qué es el baloncesto. Cada día que pasa es una nueva y única experiencia, una nueva oportunidad para hacerles ver la grandeza de este deporte e ir destapando todos los valores que se esconden detrás suyo. Unas temporadas caracterizadas por la ilusión, por los nervios, por las “primeras veces”, por los llantos y por las risas.

Llegan a los entrenamientos con los ojos brillantes, con ganas de comerse el mundo, te preguntan si aprenderemos a hacer mates en esa misma sesión, que qué pueden hacer para jugar a la NBA, y estrenar zapatillas o hacer un nuevo ejercicio es motivo de éxtasis. Las sesiones son impredecibles, por mucha planificación que preparemos, siempre hay imprevistos y oportunidades para improvisar. El entrenador es la máxima figura para ellos, un referente adulto y perfecto del cual hay que aprender. Pero, ¿verdaderamente es así? Está claro que no, ellos son los únicos protagonistas, nosotros, simples aprendices. Sin ellos, no seríamos nada.

No perdamos nunca las ganas de entrenar a los más pequeños, dediquémoles sonrisas, bromas, ejercicios motivadores y seamos un buen ejemplo a seguir. Empecemos a trabajar una base sólida en valores, donde la perseverancia, el esfuerzo, la superación y la satisfacción personal sean los cuatro pilares sólidos, y donde el trabajo en equipo empiece a coger forma de eje vertebrador en nuestra construcción.

Dejémonos hipnotizar por su baloncesto, por sus reacciones, por sus manías y por sus constantes mejoras. Aprovechemos que tenemos al lado pequeñas personitas con el corazón abierto al baloncesto y a todo aquello que los queramos enseñar.

Seamos aquel entrenador que todos recordamos, aquel entrenador que cada entrenamiento y partido convertía el baloncesto en magia.

                                                                                                                                                        Ana Hernández


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